Hace años que dejé de seguir cualquier método de productividad personal, precisamente, por culpa de un curso de productividad.
O gracias a él, debería decir.
Porque en ese curso (hace ya más de 6 años) me hizo clic una idea que ha sido punto de inflexión en mi carrera profesional:
- Deja de copiar los métodos de otros. Conócete, conócelos, entiende por qué funcionan y hazlos tuyos.
Cuando interioricé y apliqué eso fue cuando por primera vez me sentí productivo.
Además, en ese curso también descubrí Integromat (lo que ahora es Make)… así que te puedes imaginar lo que me marcó esa formación.
Dos modos de trabajo
Una de las grandes conclusiones de todos estos años es que, en mi gestión del tiempo, conviven dos modos de trabajo. Podría intentar huir de ello, intentar ocultar y maquillar el otro, pero no.
Porque vivir con el traje de otro me sienta fatal.
En mi caso lo abrazo y me preocupo solo de una cosa (que es uno de los mayores errores que veo cuando queremos salir del nomedalavida): entender en qué modo estoy y actuar en consecuencia.
Yo los llamo modo urgencia y modo faro.
Cuando estoy en modo urgencia, me concentro en resolver y liberar tiempo. Aquí no toca pensar, toca remar. Dejar de pensar en eso que no haces porque no tienes tiempo y centrarte en lo que estás haciendo.
Mi calendar aquí es un sinfín de tareas pequeñas, de proyectos mezclados y de dopamina excesiva. ¿El reto? No caer en la rueda infinita. Mi cabeza aquí solo está buscando el hueco para pasar al modo faro.
La mayoría de sistemas de productividad teóricos buscan que huyas del modo urgencia y que intentes evitarlo. Pero yo, que me conozco más de lo que me conoce James Clear, sé que eso no va conmigo. Que tengo el «no difícil» y que me apunto a un bombardeo. Así que lo abrazo sabiendo que, cuando llega el modo urgencia, me dejo de unicornios, bajo la cabeza, aprieto el paso… y lo único que pienso es en liberar tiempo para activar el modo faro.
En el modo faro, la película cambia. Timeblocking «clásico», con grandes bloques semanales para proyectos concretos donde resuelvo las tareas que dé tiempo.
Porque aquí es el momento de trabajar en lo importante, de pensar estratégicamente, de avanzar y tomar decisiones.
Y hay uno de los bloques que siempre me gusta incluir: los brown days.
Brown days: día de marrones
Colgar la estantería de IKEA que compraste hace 1 mes, pasarte a llevar el abrigo a la tintorería, renovar el certificado digital, pedir la factura que nunca llegó…
¿Te suena esa lista de mini-marrones que acumulas y para los que nunca sacas tiempo?
No son urgentes (hasta que pican). Y la solución que aplico se la robé hace años a alguien en Twitter: un bloque fijo de dos horas semanales exclusivamente para eso. Sin agenda dentro del bloque, sin decidir qué toca. Solo una lista priorizada y ejecutar en orden hasta que se acabe el tiempo.
Una semana igual tachas una. La siguiente, cuatro. Da igual. Lo que importa es que tu cerebro descarga la tarea de elegir. En Brown Days, solo se ejecuta.
No sabes el gustito que le da a mi cerebro ese momento.
Y, cuando entendí por qué funcionaba, me di cuenta que también aplica a otro melonazo. LA FORMACIÓN
- El curso al que te apuntaste y se te hace bola.
- El curso al que no te apuntaste porque se te va a hacer bola.
- El curso que dijiste «cuando esté más tranqui, me apunto» y te dio el guantazo.
Te intentas agendar «terminar curso de X» y te frustras porque no lo terminaste. Bueno, que estoy hablando de ti… pero realmente hablo de mí, porque nos pasa a todos.
En mi caso, cuando activo el modo faro, aplico la técnica de los brown days también a la formación.
El objetivo ya no es completar el curso de Make para conectar con el MCP de Claude y sacarse el certificado de la NASA… es, sencillamente, dedicar dos horas sin interrupciones el miércoles de 16 a 18h para avanzar con el LVL2 de Automatistas.
Y lo hago.
En el primer enfoque, sabes que vas a perder antes de empezar. En el segundo, el único objetivo es que lleguen las 18 y decir: sí, he avanzado. Puedo tachar la tarea ✅
No sabes el gustito que le da a mi cerebro ese momento.
La diferencia no está en la tarea. Está en saber qué le estás pidiendo a ese tiempo.
(Y conocerte bien).
Hasta la próxima, automatista🫡
Santy.
PD: la misma técnica me la contó un especialista en ventas aplicándolo a su sistema de prospección. Pero te lo cuento otro día.
PD2: Seguramente por esto también sé que automatizar con plantillas de otros es jugar a perder (o con suerte, a empatar sin aprender).